Saber evitar conflictos

01 agosto 2014


Ahora que se está conmemorando el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, cuyo acontecimineto causo el mayor número de bajas de nuestra historia reciente, he querido recapacitar sobre las causas de su inicio. Pero antes, me gustaría arrojar algunas cifras que pueden servir para conocer la magnitud de sus consecuencias. Esta gran contienda produjo, de forma directa e indirecta, más de 10 millones de muertos, se movilizaron casi 70 millones de tropas y se utilizó gran cantidad de armas, lanzándose más de 30 millones de proyectiles en batallas como en la de Verdún. ¿Qué debería haber ocurrido para que estas horribles cifras se hubieran reducido a cero? La respuesta creo que es muy sencilla: saber escuchar, más comunicación, más integración y más pedagogía.


Saber escuchar:

Para evitar conflictos, o por lo menos algún equivoco que otro, un punto clave es ser asertivo y prestar atención en todo momento. En una conversación, los interlocutores deben respetarse, y el primer paso es saber escuchar y ser lo mas receptivo posible.

En el mundo laboral, se comenten muchas equivocaciones por no enterarse de lo que la otra persona necesita, consiguiendo en muchas ocasiones perjuicios materiales muy cuantiosas, u otros menos tangibles como la pérdida de confianza.

Cuando se desencadena un conflicto armado, entre las razones para que suceda puede estar el haber hecho oídos sordos, o no haberse enterado de la situación o circunstancias que rodean a la futura confrontación que se trata de evitar. Cuando Alemania firmo el armisticio en 1918 con el bando aliado, el precio que tuvo que pagar fue desmesurado. De hecho, algunos de los expertos de la época, consideraron que la firma del Tratado de Versalles no suponía el final de la guerra, si no el punto de partida para el inicio de una nueva, como pudimos ver posteriormente. En esta ocasión, si los generales que hicieron firmar al bando derrotado unas condiciones tan extremas y vengativas, hubieran sabido escuchar a los versados hombres de la época que fueron llamados para participar en la redacción del acuerdo, y que se oponían radicalmente a cláusulas tan drásticas, la siguiente contienda no hubiera acontecido con casi total probabilidad.

Integrar, o lo que es lo mismo, hacer que alguien pase a formar parte de un todo, es fundamental para evitar conflictos

Comunicación:

Uno de los pilares fundamentales en cualquier relación, personal o profesional, es la comunicación. Antes de llevar a cabo cualquier iniciativa, es importante comunicarla a las partes implicadas. En muchas ocasiones se ha fracasado por no existir una comunicación verbal con tus colaboradores, o porque no has sondeado las diferentes alternativas con personas de tu entorno.

En el mundo de los conflictos, muchos de ellos podrían haberse evitado si hubieran existido los canales de intercambio apropiados entre las partes potenciales de generar dicho enfrentamiento. De echo, una de las razones por las que surgió la ONU, fue precisamente la de articular un organismo garante de establecer los puentes oportunos entre las partes que pudieran mostrar ciertas tensiones belicistas, como consecuencia de las nefastas experiencias acontecidas en la primera mitad del siglo XX.


Integración:

Integrar, o lo que es lo mismo, hacer que alguien pase a formar parte de un todo, es fundamental para evitar conflictos. Aquellas sociedades donde alguien queda marginado, o excluido, pueden perder en gran medida ciertas ventajas competitivas, creándose, en muchas ocasiones, guetos que pueden ser el germen para futuras confrontaciones.

Crear las condiciones para que todos los miembros de un equipo de trabajo colaboren de forma solidaria y mutua es fundamenta para conseguir las necesaria sinergias competitivas que tengan como meta un objetivo común. Cuando se está desarrollando un proyecto, es fundamental integrar todas las ideas o puntos de vista, tratando de enriquecerlo en la medida de lo posible.

A parte de otras causas, los totalitarismos, nacionalismos o pensamientos únicos son la chispa de grandes conflictos armados como lo sucedido en la primera gran guerra. De conflictos como éste debemos siempre aprender.


Pedagogía:

Etimológicamente hablando, pedagogía proviene del griego “paidos”, que significa niño, y de “gogos”, es decir, conducir. En otras palabras, dirigir al niño. Es conveniente saber de donde proviene este término, ya que en muchas ocasiones perdemos la perspectiva de su significado, y no sabemos la importancia que esta expresión tiene en nuestra vida cotidiana.

Desde nuestra más tierna infancia, nuestro cerebro va recogiendo todas las enseñanzas y vivencias que hacen forjar nuestro carácter y nos hace actuar de un modo u otro.

En el mundo empresarial, es fundamental saber explicar las cosas, o en otras palabras, hacer pedagogía. Cuando se está trasmitiendo una idea, tenemos que ver a nuestros interlocutores como niños que no saben nada sobre lo que estas trasmitiéndoles, y conducirles hacia la luz o la sabiduría. Todos los días en nuestro puesto de trabajo debemos hacer pedagogía, para que la otra parte entienda tu punto de vista o, por lo menos, como entiendes la realidad del entorno o problema que tratas de solventar.

Siguiendo con el símil de un conflicto bélico, y cogiendo como partida la Primera Guerra Mundial, si una cosa aprendieron tras la gran colisión sucedida años más tarde, fue saber cerrar las heridas. Por este motivo, el Departamento de Estado Estadounidense diseñó un plan para la reconstrucción de los países europeos que quedaron devastados después de la Segunda Guerra Mundial, que popularmente fue conocido como Plan Marshall. El Tratado de Versalles firmado tras la primera gran guerra humilló a los vencidos, y muchos economistas y estrategas del otro lado del charco hicieron una gran labor pedagógica para trasmitir la necesidad de involucrar a los vencedores y vencidos en una reconstrucción conjunta y solidaria de una nueva Europa tras la segunda contienda.


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