Cuéntame una historia

25 julio 2014


Desde que la civilización existe, la gente no ha parado de contar historias sobre sus antepasados o vivencias personales, que han servido de inspiración para las siguientes generaciones. Llevado esto al actual entorno profesional, podemos observar que muchas decisiones empresariales se toman después de analizar casos o historias que ya han acontecido, sirviendo de referencia para elegir la mejor alternativa.

Cuantas veces habremos asistido a reuniones soporíferas, donde la persona encargada de realizarla no para de mostrarnos las diferentes pantallas en PowerPoint que ha confeccionado el día anterior, sin percatarse que la gente necesita un estimulo, sobre todo a ciertas horas de la mañana. Sin embargo, en el momento en el que el público oye el comienzo de lo que podría ser una historia, éste empieza a despertarse del letargo matutino. Las historias venden porque apelan a las emociones de la gente, e incluso las personas más racionales pueden dejarse llevar por un relato interesante.
Las historias venden porque apelan a las emociones de la gente

Todas las historias tienen ciertos elementos en común: un protagonista (o un personaje con el que los oyentes se identifican), al menos un problema al que debe enfrentarse el protagonista, y una conclusión. El relato o anécdota contada debe resultar convincente, comentando de forma lo más detallada y amenamente posible los siguientes puntos:

- La situación, es decir, todos los antecedentes que puedan existir, así como la coyuntura que pueda encontrarse. En este punto, es clave intentar contar la historia con elementos con los que la audiencia pueda identificarse por su cercanía o circunstancias personales.

- Los obstáculos, o lo que es lo mismo, todos los problemas que deben solventarse para conseguir el objetivo en ese entorno de crisis. Las personas, atentas al relato, deben ser capaces de entender la magnitud del problema, reflexionando sobre las diferentes alternativas para afrontar dicho dilema, haciéndoles de este modo más participes de la historia.

- Las acciones tomadas y la resolución del dilema, o dicho de otra manara, cómo actúo el protagonista.

La adición de pequeños detalles puede hacer que la historia parezca más real para el oyente. Algunos detalles, que pueden parecer triviales, involucran en muchas ocasiones la imaginación del público, y ayudan a sumergirse en la historia.

Los buenos contadores de historias apelan a ciertas predisposiciones humanas ligadas al heroísmo, o circunstancias penosas vividas, de hecho, los oyentes se identifican más con los protagonistas que tienen que luchar más duro para conseguir alcanzar su objetivo. Muchas de las mejores historias son aquellas en las que tan pronto un obstáculo se supera, otro nuevo está surgiendo.

Los narradores también utilizan técnicas de semejanza, es decir, cuanta mayor similitud exista entre los protagonistas del relato y el público, más probable es que el público sea persuadido.

Para terminar, me gustaría recordar que los buenos contadores de historias se hacen, no nacen. Contar historias es una habilidad que se puede dominar con la práctica.



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