El poder emocional de la oratoria

12 mayo 2014


La habilidad para comunicarse verbalmente de forma efectiva puede influir en decisiones empresariales, facilitar el intercambio de ideas con éxito, e incluso afectar positivamente el comportamiento de compañeros de trabajo. A pesar de estos beneficios, pocas empresas se esfuerzan en ayudar a sus empleados a ser “comunicadores eficaces”. Un enfoque basado en las emociones puede ayudar a desarrollar las competencias comunicativas, siendo un rasgo esencial de liderazgo en un mundo cada vez más globalizado. Las habilidades interpersonales y de oratoria, fortaleciendo la parte emocional, no sólo les dará una ventaja en su vida profesional, sino también con sus amigos y familiares.

En pocas palabras, las emociones son un estado mental que se derivan de los estímulos externos e internos. Si bien esta definición básica es cierta, el siguiente examen en profundidad de las emociones puede ayudar a los oradores a conectar con su público de forma exitosa:
    - Las emociones son universales. La universalidad de la respuesta emocional permite escribir discursos que susciten las mismas emociones.
      La habilidad para comunicarse puede influir en decisiones empresariales, facilitar el intercambio de ideas con éxito, e incluso afectar positivamente el comportamiento de compañeros de trabajo
    - Los estados de ánimo son diferentes a las emociones. Mientras que las emociones son más a corto plazo, los estados de ánimo pueden durar horas, días o meses. El orador debe medir el estado de ánimo general de su audiencia antes de hablar, ya que es probable que afecte a las emociones que está tratando de evocar en ellos.
      - Sólo existen unas pocas emociones básicas. Los psicólogos consideran que sólo existen las siguientes emociones básicas: el miedo, la ira, la alegría, la tristeza, la confianza, el asco, la anticipación y la sorpresa. Este concepto de “emociones básicas” puede actuar como palanca para interpretar e influir en los estados emocionales de las audiencias.

        Los discursos son "viaje emocional" en el que el orador debe conducir a su audiencia desde la "emoción inicial" hasta la "emoción final”. Para lograr esto, el orador debe desarrollar su discurso teniendo en cuenta los siguientes pasos:
          - Identificar la "emoción final” del discurso. Para identificarla, un orador debe decidir cuál es el propósito de su discurso. El propósito de un discurso es el resultado, es decir, lo que el orador quiere que el público piense una vez terminado dicho discurso. Cuando se tenga claro el propósito, el orador debe preguntarse a sí mismo cuál es el estado emocional que la audiencia debe tener para cumplir con dicho propósito al final de su intervención. Este estado emocional es la “emoción final”, y para ello debe utilizar un determinado lenguaje, relatar una serie de anécdotas o ejemplificar para convertir el discurso en esa emoción que se está buscando.
            - Determinar la "emoción inicial” de la audiencia. La "emoción inicial" es el estado emocional de la audiencia al comienzo del discurso. Los buenos oradores investigan antes de su intervención para identificar todos los elementos que pueden influir en la “emoción inicial” de su audiencia. La emoción inicial es importante tenerla en cuenta, ya que puede diluir o exacerbar las emociones que el orador está tratando de evocar con su discurso.


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