Valor, fortaleza mental y responsabilidad

16 septiembre 2013


Existen muchas personas con potencial que aún no han sido descubiertas, o no se percatan de lo que tienen. Muchos individuos no se dan cuenta que poseen las habilidades, la fortaleza mental, y otros atributos necesarios para convertirse en futuros triunfadores. Algunas de estas personas pueden albergar la idea de que atesoran habilidades para sobresalir, pero no saben cómo aprovechar su talento.

Muchos no tienen el tiempo necesario para dedicarse a sus pasiones, o no están dispuestos a dedicar largas jornadas de trabajo para alcanzarlas y cumplir con lo que les motiva, en otras palabras, se hacen la siguiente pregunta: ¿Es realmente una buena idea dedicar tanto tiempo de mi vida a algo que no contribuya a pagar mis facturas?

El valor es un rasgo encontrado entre todas las personas que quieren alcanzar aquello para lo que han nacido, poniendo así a prueba sus límites. Los “grandes” son capaces de dejar a un lado sus miedos al fracaso, o las dudas que puedan tener a la hora de hacer realidad aquello que les apasiona, y todos ellos comparten una fortaleza mental que les permite actuar bajo presión, tanto interna como externa.
El valor es un rasgo encontrado entre todas las personas que quieren alcanzar aquello para lo que han nacido, poniendo así a prueba sus límites

Existen muchos ejemplos de fortaleza mental en la historia del olimpismo donde el atleta supera muchas dificultades físicas. Sin embargo, los “grandes” también pueden utilizar su fortaleza mental para acabar con las dudas que pueden albergar acerca de sus habilidades, logrando todas metas que se han marcado. Los que son mentalmente fuertes pueden descartar la duda. Todos los grandes competidores han aprendido a perfeccionar su fortaleza mental, dejar a un lado la incertidumbre, y encontrar el coraje necesario para actuar frente a todo tipo de dificultades o circunstancias con las que se puedan encontrar.

La fuerza mental puede ser fácilmente perfeccionada cuando somos conscientes de que sólo nosotros somos responsables de nuestra manera de actuar. En el atletismo, muchos competidores dependen demasiado de sus entrenadores. En las empresas, los empleados siguen las instrucciones de sus supervisores. Cuando las cosas van mal, a estas personas les resulta fácil culpar a los demás. Muchos ejecutivos culpan a la economía cuando los números de las empresas que gestionan no salen, sin embargo, hay otros muchos que se culpan a sí mismos por no encontrar mejores formas de reaccionar ante las eventualidades. Los que tratan de triunfar sólo se culpan a sí mismos por sus fracasos. Ellos son los que deben tomar el control de sus vidas y de sus carreras, y deben estar dispuestos a asumir todas las responsabilidades inherentes a sus circunstancias.


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